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Sensorama Calafia

Febrero 28th, 2007

Ayer se me pasó la hora de la comida. A las 4:30 mi humor era gris oscuro, así que huí de la oficina. 15 minutos después, cuando ya me saboreaba una pechuga empanizada, recibí una llamada de Omnipresente editor verificando que asistiría por la noche a la cata privada de Domecq. Mi plan por supuesto no contemplaba más que comer y descansar en casa. Dos hora después y aprovechando la cercanía, me trasladé al Ixchel de la Roma en patín del diablo (hoy conocido como scooter). A mi llegada la hostess con actitud de cadenero me cuestionó y advirtió que no podía estacionar el patín en la entrada; probablemente no llegan con frecuencia hombres trajeados y puntuales a los eventos de su remodelado bar en tan miserable transporte.
Las de la agencia de relaciones públicas prepararon el espacio con mucho profesionalismo, mamparas, fichas enológicas y un camino de velas que me encargué de romper con el scooter cual chivo en cristalería. Las estresadas “PiaRs� me miraron con desprecio. Aún no comenzaba el evento y yo ya destrozaba el lugar. En 5 minutos todo se arregló, desplegué entonces mis encantos para hacer que olvidaran mi alebrestada entrada y me puse a platicar con Sebastián Suárez, enólogo de Domecq e interesante conversador. Al rato se nos unió Nancy Martínez, de mercadotecnia, cuando llegó el segundo contingente integrado por Omnipresente editor y Bombón. Casi 20 minutos después, la presencia de Chilango ya era dominante, no sólo porque estábamos 3 de los editores y el publisher, sino por lo mucho que se comentó nuestra portada de Arriaga e Iñárritu.
Luego de una hora de llegadas y presentaciones inició el evento. Una experiencia “organoléptica� muy ingeniosa para agudizar los sentidos y percibir todos los aromas y sabores que contiene el vino. Edecán en entalladísimo pantalón blanco, formas reveladoras y voz “setsy� se encargó de presentar el evento, advirtió que con los ojos vendados nos harían una pasarela de aromas, texturas y sabores con hierbas, madera, uvas, frutas y otros, que a la hora de probar de la copa, harían perfectamente perceptibles las sensaciones del vino. Así, con toqueteos, aromas y sabores nos presentaron el Reserva Magna y el clásico Chateau Domecq, ambos apuesta segura. Las dos sorpresas resultaron el Calafia Blanco, que nunca hubiera probado si no hubiera sido a ciegas, y la comida de Ixchel que muestra una sorprendente evolución. Ya sin venda, el chef presentó los platillos y Sebastián los vinos.
El fresco y aromático Calafia lo maridamos con jícama y chile, luego con camarones fritos salteados con pasta philo. El Chateau acentuó de forma impresionante el rissoto al mole, y por última, el Reserva Magna literalmente estallaba en boca con las pimientitas rojas de los tacos de pato. En este punto todos estabamos muy alegres, algunos ebrios, convencidos de que un vino mexicano de 50 pesos presentado así, solamente puede ser muy bueno. Sobre nosotros, el restaurante se abarrotó con los invitados de FICCO a la fiesta de Chilango a la que por supuesto nos colamos con todo y decantador recién regalado. Imposible pasar de algo tan sublime al ambiente de “creativos� cineastas. Fotos por aquí y por allá y vámonos, antes de que olvide los frescos aromas de piña, manzana, melocotón y miel del Calafia en sensorama, y claro, las texturas de la edecán, o mejor dicho: que nos dejó sentir la edecán.

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DOMECQ DREAM TEAM En medio Iñaki Cuervo… pues ¿qué no era un evento de Domecq?…

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CHILANGO TOMÓ EL IXCHEL Vendedora de Quién sabe en dónde está lo bueno.