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Cuando cumplí 18 mi mamá me llevó a La Casserole para celebrar. Jamás olvidaré los deliciosos caracoles en mantequilla que probé. Es mi recomendación del día. Si andas por el sur, es una buena opción para cenar en un día lluvioso como hoy.

3 Responses to “”

  1. Francisco Migoni Says:

    Aunque me considero (por benevolencia nihilista) un entusiasta (realmente soy un neófito pero mi gran amigo Alejandro me concedió el titulo nobiliario de “Entusiasta”) debo decir que la La Casserole marcó un estigma indeleble (a modo de tatuaje moral) en mis precarias vivencias: sucede que cuatro abogadetes de poca monta (incluyendo a quien esto cuenta) fuimos severamente reprimidos por un trabajo mediocre que entregamos (los trabajos en equipo suelen ser mediocres en tanto la responsabilidad se diluye en proporción directa con los miembros que conforman el amorfo equipo). Tristes y cansados tomamos un carro para ir a un bar-restaurente que queda muy cerca del mencionado restaurante. Una voz levantó el orgullo y dijo: si han de corrernos, gastemos los últimos emolumentos en una rica cena. Dicho y hecho, seguimos andando algunos metros y encontramos La Casserole.
    Menuda sorpresa!¡
    Iniciamos con un fondue y seguimos con otro de queso. Luego me permití saborear carne de res en una cama de espárragos a la mantequilla. Fue una buena experiencia para unos pobres (de moral y trabajo) abogadetes de quinta. El ambiente nos permitió expiar las penas y regocigar los estómagos. El postre: no es la especialidad de la casa pero el café pequeño recortado sin duda desquitó el valor de los dos sorbetes que lo desaparecieron de la taza. Además, el servicio fue excelente pues son eficientes sin llegar a empalagar.
    Al final: dos abogadetes (abogadetas para ser exactos) se casaron y dejaron la carrera. Otro abogadete no aguantó la presión y regreso a su morada de Puebla donde se acomodó en el incómodo municipio.
    EL último abogadete (su servidor) volvió a La Casserole un día lluvioso. Solo y sin trabajos en equipo repitió la comida de antaño:
    Eso tiene La Casserole: buena comida y un ambiente que igual regocija al deprimido, que divierte al entusiasta.
    Gracias viejito por seguir compartiendo tu amplia sabiduría culinaria.
    Perdona a este neófito al que acompañas una vez al mes para catar dos augustas botellas de vino, y larga vida a Maria Elena por conceder fortuna a un individuo “pro indiviso” tan parecido a ti que podría comérmelo en La Casserole.
    Bee.

  2. biscuit Says:

    hola!!!!! a mi también me llevaron ahí a festejar, pero fue mmi graduación de prepa.
    te extrañooooo. Besitos.

  3. ladyzen108 Says:

    mi papá hace años nos llevaba ahí a desayunar los Domingos…….me hiciste recordar mucho…..gracias…….

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